El naufragio del transatlántico alemán Monte Cervantes en 1930, cerca de Ushuaia, puso a prueba la solidaridad de la pequeña aldea. La rápida evacuación permitió salvar a los 1.400 pasajeros, duplicando la población local de 800 habitantes, que incluía 400 presos.
La comunidad de Ushuaia demostró una hospitalidad excepcional, alojando a los náufragos y forjando lazos de amistad que perduran hasta hoy a través de sus descendientes. La tarea de rescate de objetos del naufragio, iniciada por el buzo Héctor Monsalve en la década de 1970, ha permitido recuperar elementos que hoy se exhiben en museos locales.