Se enfatiza la importancia de revisar cuidadosamente el pescado para retirar espinas y cartílagos antes de prepararlo y servirlo. Se recomienda usar pinzas para facilitar esta tarea y asegurar que no queden elementos que puedan ser perjudiciales al consumir.
Se advierte que, aunque se crea que el pescado está libre de espinas, siempre es necesario chequear. Se compara esta práctica con la del pollo, donde también pueden quedar restos. Se subraya que es un pequeño error que puede tener el cocinero, pero que es crucial evitar para la seguridad del comensal.