Hace dos mil años, la Isla de los Estados era un territorio de abundancia para los pueblos originarios. Posteriormente, se convirtió en un punto estratégico para los navegantes europeos como paso entre el Atlántico y el Pacífico, además de ser una fuente de recursos naturales como agua dulce, madera, pingüinos y lobos marinos.
Finalmente, los habitantes criollos del sur del continente la integraron al territorio de una nueva nación, convirtiéndola en presidio, faro y espacio mítico. A lo largo de la historia, los seres humanos han buscado llegar a sus costas a pesar de las dificultades, impulsados por diversos motivos.
Actualmente, la isla es objeto de estudio para revelar sus secretos y conocer su historia, una narrativa que ha sobrevivido durante siglos protegida por las aguas del Atlántico Sur. El régimen actual para visitantes es estricto, priorizando la conservación del ambiente.