Teresa Constantini se compara con Barbara Streisand en una carta abierta, defendiendo su derecho a usar su apellido tras más de 50 años de carrera. Rechaza las demandas de Eduardo Constantini que buscan quitarle su apellido y anular su matrimonio de 28 años.
Teresa argumenta que 40 años de trabajo firmado con su nombre son su propio argumento y que su identidad está ligada a ese apellido. Señala que la demanda de nulidad matrimonial se basa en una supuesta falta de madurez al casarse, pero considera que es una intención de suprimir su historia y negar su existencia.
La carta concluye con una advertencia: quienes no la conocen entenderán quién es y qué representa su nombre, y quienes la conocen sabrán que no cederá lo que la constituye, manteniendo su apellido "hasta el último de sus días".