La narradora relata su experiencia personal con ataques de pánico y desesperación, que la llevaron a buscar ayuda en retiros espirituales. Describe rituales de sanación ancestral y baños florales que, según su testimonio, no la ayudaron e incluso la hicieron sentir peor.
Tras una experiencia aterradora relacionada con un ritual, encontró consuelo en la fe y comenzó a asistir a la iglesia. Relata cómo quemó libros, amuletos y otros objetos relacionados con prácticas esotéricas, decidiendo seguir el camino de Jesús.
Advierte a quienes practican rituales y brujería que estos solo empeoran la vida y llevan a la dominación por entidades espirituales. Afirma que Jesús es el verdadero camino y la fuente de salvación y paz.
Se enumeran diez síntomas de posesión espiritual: nerviosismo, depresión, miedo, visión de sombras, ataques, enfermedades inexplicables, insomnio y dolores de cabeza constantes.