Jesús enseñó la importancia de orar para no caer en tentación, como se refleja en el Padre Nuestro ("no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal"). Sin el "escudo de la fe", incluso el creyente más fuerte puede ser vencido por el diablo.
Se insta a no actuar con fortaleza propia sin estar afirmado en el Señor y a no salir a pelear sin la armadura adecuada, diseñada por Dios para detener los dardos mortíferos del enemigo.