Una víctima relata su aterrador encuentro con Barrelier. Al ingresar a su domicilio, él cerró la puerta y la amenazó con una pistola y un cuchillo, obligándola a sentarse y a sacarse la ropa.
Barrelier le preguntó quién sabía de su paradero y le exigió sus celulares. La víctima, sintiendo presencia y miedo, cuestionó la forma en que actuaba. Él argumentó que las personas que iban a traer dinero debían "verse bien", insinuando una red de prostitución.