El segmento se centró en el poder de la intercesión, utilizando ejemplos bíblicos como Moisés intercediendo por el pueblo de Israel ante la ira divina tras la adoración al becerro de oro. Se destacó que la nación de Israel debe su existencia a la intercesión de Moisés, quien ayunó y oró durante 40 días para evitar la destrucción.
Se mencionó también cómo Moisés intercedió por su hermano Aarón, quien había participado en la creación del becerro de oro, logrando que Dios le perdonara la vida. Otros ejemplos bíblicos incluyeron la intercesión de Daniel y sus amigos por los sabios babilonios, y la de Job por sus amigos cuando Dios estaba a punto de destruirlos.
Se enfatizó que Dios busca una persona (hombre o mujer) que interceda, no una multitud, y que esta oración puede cambiar realidades en la nación, el pueblo, la vida personal y la familia. Se instó a no minimizar el poder de la oración justa y a ser intercesores, ya que una sola persona fiel puede marcar una gran diferencia.