La oración continuó enfocándose en la expulsión de fuerzas malignas, incluyendo depresión, pánico, ansiedad, inquietud y perturbación del alma. Se ordenó la salida de miedos y pensamientos de suicidio, exigiendo que el mal desapareciera por completo.
Se invocó la autoridad del nombre de Jesús para erradicar cualquier manifestación del mal, desde la coronilla hasta la planta de los pies, reafirmando la victoria sobre las tinieblas.