Tras los incidentes, la policía implementó un importante operativo en los alrededores de la comisaría, con un gran despliegue de efectivos y patrulleros para contener la situación y dispersar a los vecinos.
Se observó a la policía patrullando las calles y marcando puntos donde se acumulaba gente, activando protocolos y disparando balas de goma para que se alejaran de la zona.
La situación generó temor entre los residentes, especialmente niños, que quedaron en medio de los disparos y la tensión policial. Se describió el accionar policial como una "cacería", ya que no hubo detenciones, solo dispersión violenta.