Susana Trimarco afirma categóricamente que la desaparición de Agostina, tras seis días, solo es posible con la complicidad de la policía, la política y el poder judicial. Asegura que estos vínculos existen en su propia causa y en otras, y que no teme decirlo porque ha vivido experiencias traumáticas, incluyendo un atentado a su casa y vivir con custodia de gendarmería.
Trimarco relaciona la trata de personas y el narcotráfico con la financiación de campañas políticas, algo que ella misma descubrió. Advierte que los delincuentes que explotan y desaparecen mujeres, como Barrelier, nunca admitirán su culpabilidad ni entregarán a las víctimas, comparando la situación con el caso de Loan, donde el niño tampoco apareció.