El consumo de carne roja no es intrínsecamente malo, pero su impacto en la salud depende del balance general de la dieta y la frecuencia de consumo.
Las carnes rojas contienen grasas saturadas, pero también aportan proteínas, hierro, vitamina B12 y zinc. Un consumo excesivo y constante puede suponer un riesgo cardiovascular y contribuir a una alimentación más inflamatoria.
Los expertos recomiendan variar el consumo con otras fuentes de proteína como pescado (por su omega 3), pollo (preferentemente pechuga) y huevos, siempre considerando el aporte total de grasas saturadas en la dieta diaria para equilibrar la ingesta de omega-6 y omega-3 y reducir el estado inflamatorio.