En Bolivia, la familia gremial y los comercios minoristas atraviesan una profunda crisis debido a los constantes bloqueos y la escasez de productos. Los manifestantes denuncian el aumento de precios, especialmente de la carne, y la falta de soluciones por parte del gobierno.
Los vendedores ambulantes, quienes viven del día a día, se ven obligados a cerrar sus puestos y consumir su propio capital para subsistir. La situación se agrava por la falta de abastecimiento de alimentos e insumos, y la interrupción del suministro de combustible.
Los gremiales exigen al presidente que dialogue y ofrezca soluciones concretas, como la reprogramación de créditos y el abastecimiento de productos. La polarización social es evidente, con sectores que piden la renuncia del presidente y otros que apoyan su continuidad.
La ayuda humanitaria enviada por Argentina no ha llegado a la población, según denuncian los afectados, quienes se sienten desabastecidos y sin recursos. La crisis económica y social en Bolivia se agudiza, generando un círculo vicioso de bloqueos, escasez y descontento generalizado.