Se retoma el debate sobre la supuesta "negociación" de la Iglesia con el gobierno, ejemplificando con el caso de Bergoglio en 2004, cuando Néstor Kirchner lo calificó de "jefe espiritual de la oposición". Se recuerda que, a pesar de la grieta generada, Bergoglio llegó a ser Papa.
Se cuestiona la palabra "negociación", considerándola muy fuerte y potencialmente difamatoria. Se argumenta que la Iglesia, en lugar de negociar, actúa con inteligencia y que el gobierno, ante un aluvión de necesidades, busca contener a quienes la Iglesia asiste.
Se señala que la Iglesia no puede permitirse ser ingenua y debe hacer política, pero sin romper relaciones. Se critica la falta de criterio de algunos al interpretar la situación, y se afirma que el gobierno se fue "contento" de la homilía porque no le importa lo que piense la Iglesia.