Se advierte sobre la proliferación de predicadores de la novedad que ofrecen un "evangelio diferente" o "light", el cual, aunque cómodo, conduce a la destrucción.
Se enfatiza que el Evangelio puro de Jesucristo exige abnegación y santificación, no acaricia el ego ni deja al creyente cómodo con el pecado.
Se cita a Santiago y Pablo para advertir sobre las consecuencias de seguir a falsos maestros y la importancia de mantenerse firme en la sana doctrina, rechazando la transigencia en materia de fe.