Se entonó el Cántico de Moisés, recordando la milagrosa apertura del Mar Rojo y la destrucción del ejército del Faraón.
Se enfatizó que la victoria de Jesús sobre el infierno representa el fin del poder demoníaco y la protección para los creyentes, instando a confiar en la palabra de Dios y no dudar.
Se destacó la figura de Jehová como fortaleza, cántico y salvación, y como un guerrero especialista en batallas, capaz de auxiliar en momentos de tribulación.