Se advierte sobre el peligro de cambiar a los líderes y maestros que predican la sana doctrina por aquellos que ofrecen novedades y halagan el ego, tal como el pueblo de Israel cambió a Moisés por Aarón.
Se enfatiza que el pueblo rebelde busca maestros que le digan lo que quiere oír, pero la tarea del líder es cambiar al pueblo para que ame al Señor y su palabra, no al revés.
Se hace un llamado a no cometer el error de los israelitas, quienes terminaron en el desastre por seguir a falsos maestros que predicaban lo que el pueblo deseaba oír en lugar de la verdad.