En Bolivia, la escasez de pollo ha llevado a un aumento en el consumo y precio de la carne de vaca. Los puestos de carne vacuna, normalmente concurridos, ahora muestran poca actividad.
La carne de vaca, de menor consumo habitual por su calidad y precio comparado con el pollo, se ha vuelto una opción forzada. El kilo de carne picada se vende a 90 bolivianos, un precio considerado excesivo por los consumidores.
La situación se agrava por la baja disponibilidad de carne y los altos costos, dificultando el acceso a proteínas para muchas familias. La conversión de bolivianos a pesos argentinos (1 boliviano = 200 pesos) evidencia el elevado precio de la carne.