La escasez de combustible en Bolivia genera desesperación entre los transportistas, quienes deben esperar horas para cargar unos pocos litros, afectando su capacidad de trabajo y sus ingresos.
Emil, un taxista, relata que lleva dos días haciendo fila y solo pudo cargar 15 litros, insuficientes para cubrir sus gastos diarios. La situación se agrava por la prohibición de cargar bidones, obligando a los conductores a depender exclusivamente de los surtidores.
Los testimonios coinciden en la crítica hacia el gobierno por la falta de soluciones y la insostenibilidad de la crisis, que impacta negativamente en la economía y la vida cotidiana de los bolivianos. El precio de la gasolina se ha duplicado, y la calidad del combustible también ha sido cuestionada.