Se plantea la disyuntiva crucial entre buscar el favor y la aprobación del hombre, o buscar el favor y la aprobación de Dios. No es posible agradar a ambos.
Ser un discípulo secreto de Jesús no aprovecha para nada, y negar a Cristo tiene consecuencias horribles, incluyendo la pérdida del alma.
Se insta a no avergonzarse de Cristo y a pensar en lo que Él ha dado. Se critica la costumbre de abandonar a Dios mientras se permanece fiel a otras "deidades" como equipos de fútbol.
Se recuerda que somos hijos adoptados de Dios por gracia, amados y bendecidos, por lo que no deberíamos avergonzarnos de Él.