Se cuestiona la estructura de corrupción que permitiría a Adorni realizar tales gastos, señalando que sin la ayuda de personas como Tabar y la escribana, no podría haberlo hecho.
Se menciona que Bettina Anceletti está buscando personal para una concesionaria, y se bromea con que Adorni cumpliría los requisitos, a pesar de sus problemas con la presentación de informes y el manejo de tiempos.
Se sugiere que la consultora de Anceletti, ahora sin el Estado como cliente, busca nuevos clientes en el sector privado.