El gobierno de Brasil ha lanzado un ambicioso plan contra el crimen organizado y las principales facciones del narcotráfico, como el Primer Comando de la Capital y el Comando Rojo. El programa se centra en cuatro ejes: seguir el dinero para asfixiar financieramente a las organizaciones, fortalecer la lucha contra el tráfico de armas, mejorar la seguridad en las cárceles y optimizar la investigación de homicidios.
El plan, anunciado por el presidente Lula durante su visita a Washington, incluye una propuesta de colaboración entre las policías federales de ambos países. Esta cooperación es estratégica y diplomática, buscando evitar que EE.UU. declare a las facciones brasileñas como organizaciones terroristas, lo que podría derivar en intervenciones militares.
El programa se presenta a menos de seis meses de las elecciones presidenciales, en un contexto donde la seguridad ciudadana es la principal preocupación para el 27% de los brasileños, superando incluso a la economía. Sin embargo, detractores de Lula lo consideran una medida electoral tardía.