Bolivia atraviesa una profunda crisis institucional y social, marcada por protestas y una creciente inestabilidad. El presidente Rodrigo Paz acusa a Evo Morales y sus seguidores de estar detrás de las movilizaciones.
Las protestas, que ya llevan tres semanas, generan desabastecimiento de medicamentos y alimentos, afectando la vida cotidiana de la población. La situación se agrava por la falta de combustible y el aumento de ferias donde la gente compra alimentos de forma fraccionada.
El gobierno de Paz denuncia que Morales busca desestabilizar su gestión, mientras que la oposición señala que la crisis se originó con una orden de captura por abuso de menores contra Morales. La tensión política se suma a la crisis social, con acusaciones cruzadas y temor a un posible golpe de Estado.
Estados Unidos, a través del secretario de Estado Marco Rubio, ha expresado su firme apoyo al gobierno constitucional de Bolivia y advirtió que no permitirán que "criminales y traficantes de drogas" derroquen a líderes elegidos democráticamente.