Se enfatiza que la solemnidad de la ascensión nos convierte en ciudadanos del cielo, llamados a ser testigos de Jesús en la realidad cotidiana, viviendo los valores del Evangelio y promoviendo el respeto, el diálogo y la fraternidad.
Se contrasta esta vocación con actitudes de "chusmerío, odio, descalificación e intolerancia", instando a optar por los más pobres y el trato cordial.
Se concluye con una poesía-oración del padre José María Rodríguez Olaizola que reflexiona sobre la partida de Jesús, su promesa de regreso y la misión de los discípulos como testigos del amor victorioso, descubriendo que su ausencia es un modo de permanencia.