El mensaje central de la homilía se centró en la dualidad de ser ciudadanos del cielo con los pies en la tierra, enfatizando la importancia de vivir los valores del Evangelio en la realidad cotidiana.
Se instó a los fieles a ser testigos de Jesús a través de sus palabras y obras, promoviendo el diálogo, la fraternidad y el respeto por las ideas distintas, en contraposición a actitudes de chusmerío, odio, descalificación e intolerancia.
La reflexión, enmarcada en la solemnidad de la Ascensión, invitó a la introspección sobre el propio accionar y a la opción por los más pobres, recordando que la ausencia de Jesús es un modo de su permanencia, y que su partida impulsa a anunciar que el amor ha vencido.