El Líbano se encuentra al borde de una grave crisis alimentaria debido a la intensificación de las tensiones regionales y la debilidad de su moneda. El país depende casi en su totalidad de las importaciones para satisfacer sus necesidades básicas de alimentos, y la volatilidad de los precios mundiales del petróleo está afectando gravemente a los importadores.
La depreciación de la libra libanesa ha erosionado el poder adquisitivo, y las ya frágiles cadenas de suministro están bajo una presión creciente. Según un informe de la ONU, se estima que 1,24 millones de personas, aproximadamente una cuarta parte de la población, enfrentarán inseguridad alimentaria de nivel de crisis o peor entre abril y agosto de 2026. Los exportadores globales también experimentan incrementos de costos de importación de entre el 10 y el 15 por ciento.