Evo Morales enfrenta una orden de apremio emitida hace dos años, con una reciente declaratoria de rebeldía y imputación formal. Se le acusa de tener vínculos con financistas oscuros y movilizaciones pagas.
Se especula que Morales está jugando su última carta, enfrentando la posibilidad de ir a prisión si la justicia boliviana actúa con independencia política. La situación se complica con la presencia de fuerzas que podrían tener intereses económicos y de poder detrás de las protestas.