Gabriela relató su vida fracasada por peleas familiares, depresión, bulimia, anorexia, dolores de cabeza constantes, pesadillas, alcoholismo y tres intentos de suicidio antes de llegar a la Iglesia Universal.
Creció en un ambiente de pleitos entre sus padres, lo que generó rechazo y odio hacia su padre, problemas económicos, enfermedades y complejos que la llevaron a pastillas para adelgazar, hemorragias, taquicardias y desmayos inexplicables según médicos.
Buscó soluciones en lugares equivocados, boliches y doctrinas comunes, pero participando en los días de liberación los viernes en la Iglesia Universal quedó libre de angustias, tristezas y complejos.
Hoy Gabriela se siente una persona nueva con paz interior y la presencia del Espíritu Santo, feliz y completa, destacando que nada se compara con esa transformación espiritual.