Juan vivió vicios, nerviosismo, deudas y planes de suicidio pensando que resolvería problemas familiares, recurriendo a brujos que empeoraron su situación con sacrificios y engaños.
Su cuñada lo llevó a la Iglesia Universal donde asistieron viernes tras viernes para liberarse, superando peleas, pobreza y pensamientos suicidas pese a las luchas iniciales.
Hoy su familia está unida en la fe, él sirve al Señor, está tranquilo, enfocado en ayudar a otros y sin faltarle nada económicamente gracias al cambio espiritual.