Walter venció depresión, vicios, adicción a pastillas, marihuana, cigarrillos y robo gracias a la perseverancia en las reuniones de los viernes a las 20 horas en la Iglesia Universal.
Estaba depresivo, no dormía por tormentos mentales, consumía tanto que babeaba y robaba para mantener vicios, llegando a querer suicidarse, pero una invitación de su tía lo llevó a la iglesia donde luchó contra la abstinencia orando.
Logró dejar los vicios, duerme tranquilo sin insomnio, tiene paz, buen trabajo, perdonó a su madre y su familia nota el cambio radical, confirmando que recibió la respuesta de Dios y está liberado.