Más de 3.000 personas formaron una cola de 12 cuadras en Moreno para postularse a 60 puestos de trabajo en un nuevo frigorífico que abre en un mes. La gente llegó desde las 6 de la mañana, aunque las entrevistas empezaron a las 11, y esperaron horas bajo el sol con currículums en mano, mostrando desesperación por un empleo formal.
Julio Bazán reportó en vivo historias de desocupados: jóvenes sin trabajo estable, madres solteras con changas, profesionales con estudios universitarios incompletos y jubilados acompañando a hijos. Todos destacaron la necesidad primaria de comer y pagar cuentas, con expectativas salariales modestas de alrededor de un millón a un millón y medio de pesos.
Los empresarios priorizaron actitud sobre estudios o edad, valorando experiencia práctica en carnicería, caja o choferes. Prepararon choripanes y agua para los postulantes, reconociendo su esfuerzo. La fila creció con familias enteras, hermanas y padres, evidenciando que un solo sueldo no alcanza y que la precariedad obliga a changas sin obra social ni jubilación.
En el estudio, Elio y panelistas lamentaron la falta de fábricas, créditos para vivienda y estabilidad, subrayando que los jóvenes viven con padres por imposibilidad de independizarse. La imagen conmueve por la esperanza mezclada con frustración en una Argentina con escasos puestos formales.