Más de 3000 personas forman una fila interminable que da vueltas a la manzana en Moreno para postularse a apenas 60 puestos de trabajo en el frigorífico Cabaña Don Teo, que busca desde administrativos y cajeros hasta carniceros, choferes y personal de carga y descarga. Imágenes aéreas y recorridas de la reportera Lola muestran la desesperación por un empleo formal en medio de la crisis económica, con cientos ya entrevistados en un primer filtro.
El dueño Fernando explica que ya pasaron 600 personas, cargan datos en un sistema y hacen una segunda entrevista formal antes de contratar. Los puestos son de tiempo completo de ocho horas, con salarios alrededor del millón y medio de pesos según la escala gremial, y priorizan la actitud y ganas de trabajar por sobre la experiencia, ya que "todo oficio se aprende". La empresa familiar quiere crecer pese a la caída de ventas, porque "si no avanza, retrocede".
Historias conmovedoras marcan la cola: Eduardo, jubilado de 60 años y ex chofer de recolección, busca trabajo para ayudar a su hijo con cáncer y sobrevive con changas como pintar piletas por 250 mil pesos; Carlos, de 54 años, plomero desempleado hace tres años, aporta para su familia con autismo y suegro jubilado; Mauricio, joven de 20 egresado electromecánico, desempleado hace dos meses tras renunciar a un empleo de 10 horas, necesita colaborar porque su papá de 54 fue despedido y hace Uber, y su mamá doméstica tiene problemas de salud.
La gente lleva las penurias con dignidad y resiliencia, repartiendo choripanes en la cola bajo la lluvia. Solo el 2% de los postulantes logrará el puesto, un dato desalentador que refleja la enorme demanda laboral en un contexto donde nadie le alcanza la plata y abundan los desempleados de todas las edades.