India registra tasas de crecimiento del 6 al 7%, las más altas del mundo, pero este auge económico se basa en desigualdad extrema y no genera empleos dignos para su población joven, según análisis críticos como el del profesor Ashoka Mody de Princeton.
El 37% de las mujeres consideradas empleadas no reciben paga remunerada, con solo el 13% de mujeres mayores de 15 años en trabajos pagados, nivel similar a Arabia Saudita. La educación es deficiente, con solo el 15% de niños leyendo y escribiendo correctamente, frente al 85% en China, y persisten brechas como barrios marginales en Nueva Delhi donde 230 millones viven en pobreza extrema.
Empresas como Zetwerk en Bangalore crecen exponencialmente exportando componentes aeroespaciales hechos en India, atrayendo inversión extranjera de 50 mil millones de dólares, pero el 1% de la población acapara el 40% de la riqueza, mayor desigualdad que en Brasil o EE.UU. Jóvenes educados como Monu Chaudhuri en Uttar Pradesh no encuentran empleo pese a títulos en informática.
Narendra Modi promueve "hecho en India" con estímulos e infraestructuras masivas, pero críticos señalan falta de bienes públicos como salud y educación, dependencia de China y riesgo de disturbios sociales por el "dividendo demográfico" que podría volverse "bomba de tiempo". Inversiones como las de Apple crean pocos empleos comparados con la necesidad de 20-30 millones anuales.
Figuras como Mukesh Ambani, el hombre más rico de Asia, simbolizan la brecha, con torres de lujo mientras familias de clase media luchan por empleos pese a inversiones en educación.