India registra tasas de crecimiento del 6 al 7 por ciento, las más altas del mundo, pero este auge no genera empleos suficientes para sus jóvenes, con 20 a 30 millones ingresando al mercado laboral cada año sin perspectivas, lo que amenaza con disturbios sociales.
Bajo el liderazgo de Narendra Modi, el país invierte 1,4 billones de dólares en infraestructura como autopistas, aeropuertos y ferrocarriles, atrayendo empresas como Siemens, Apple y Zetwerk en Bangalore, el Silicon Valley indio. Emprendedores como Amrit Acharya y Radica Pasumarti de Pinaka producen componentes aeroespaciales, reduciendo dependencia de China gracias a políticas de "Make in India" y listas positivas que prohíben importaciones.
Sin embargo, persisten desafíos: el 37 por ciento de mujeres "empleadas" no reciben paga, la educación es deficiente con solo 15 por ciento de niños leyendo correctamente, y hay brechas extremas como escuelas bajo puentes para niños de castas bajas versus rascacielos de lujo de Mukesh Ambani. En ciudades como Mirat, graduados como Monu Chaudhry reparan laptops pese a títulos en informática, y familias de clase media critican a Modi por ignorarlos.
La dependencia de China continúa en productos baratos, con burocracia, corrupción y sistema de castas frenando el progreso, según expertos. Aunque hay optimismo por metas al 2047 para ser potencia, analistas advierten que el "dividendo demográfico" podría ser una "bomba de tiempo" sin reformas en empleo y educación.