El consumo de carne vacuna descendió un 3,7% este año, con 47,3 kilos por habitante anuales, debido a precios que aumentaron el 20% en enero-marzo, el doble de la inflación del 10%. Los salarios solo subieron entre 6% y 7%, obligando a muchas familias a reducir el consumo.
Adri explicó factores como exportaciones que priorizan engorde, inundaciones y sequías que limitan oferta, y declaraciones de cámaras empresarias que dicen que los precios siguen atrasados. Además, hay un cambio cultural hacia proteínas más baratas como pollo, cerdo y huevos, con consumo diario bajando a 129 gramos por persona.
Carniceros confirman la caída en ventas durante recorridas. La ecuación económica deja sin margen a los hogares, priorizando gastos básicos.