Corea del Norte construyó un arsenal nuclear en secreto desde los años 60, desafiando tratados internacionales pese a negativas de la Unión Soviética y China para proveerle tecnología armamentística. Ratificó el Tratado de No Proliferación en 1985, pero cerró puertas a inspectores durante el fin de la Guerra Fría. En 1994, el acuerdo marco con Estados Unidos prometió reactores a cambio de desarme, aunque Bill Clinton negó evidencias de programas secretos.
George W. Bush incluyó a Pyongyang en el "eje del mal" en 2002, rompiendo el acuerdo; Corea del Norte abandonó el TNP en 2003. Realizó su primera prueba nuclear en octubre de 2006 con un kilotón, seguida de otra en 2009 de seis kilotones, pese a sanciones internacionales que alimentaron su ambición.
Bajo Kim Jong-un desde 2011, avanzó con enriquecimiento de uranio, bombas de hidrógeno en 2016 y ojivas para misiles intercontinentales en 2017. Cumbres con Donald Trump fallaron en desnuclearizar la península, siendo Trump el primer presidente estadounidense en pisar suelo norcoreano.
Actualmente, estima el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo que posee unas 50 ojivas nucleares listas, duplicando reservas iniciales de su liderazgo. Kim Jong-un declaró el programa irreversible en marzo; no hay pruebas desde 2017, pero se cree cerca de nuevo sitio de pruebas y armas más sofisticadas.