Explica que la iglesia ha privatizado la oración y la llenura del Espíritu Santo, contraviniendo mandatos colectivos como el aposento alto o el bautismo en Cornelio. Dios requiere una casa de oración colectiva, no individual, y al obedecer, llega su presencia con regalos para las necesidades.
Urge revalorizar las reuniones de oración, diferenciando entre orar y dedicarse a la oración como la iglesia primitiva, con perseverancia y agonía espiritual al estilo de Epafras. Los líderes deben liderar con compromiso, ya que la resistencia evidencia su efectividad sobrenatural.
Concluye animando a valorar estas reuniones prioritariamente sobre otras actividades, pues sin ellas no hay cambios significativos en vida, familia o ministerio, y Dios se manifiesta donde los creyentes se reúnen en su nombre invocándolo.