El pastor afirma que Dios escucha las oraciones intensas y fervientes que nacen de un corazón agradecido y arrepentido, incluso en momentos de máxima necesidad.
Recuerda ejemplos bíblicos como la del publicano que con una corta oración humilde fue justificado, y Pedro que clamó "Señor, sálvame" mientras se hundía, recibiendo rescate inmediato.
Insiste en que Dios es fiel, colma de bendiciones diarias y extiende misericordia aunque clamemos en última instancia, invitando a invocar su nombre en el pozo de la desesperación.
Concluye que cuando no podemos, Cristo puede por nosotros, fortaleciendo a los creyentes.