Los anestesiólogos Hernán Boveri y Delfina Lanús, imputados por el robo de propofol y fentanilo del Hospital Italiano, pertenecían a un grupo de WhatsApp llamado Propofest donde organizaban fiestas con estas drogas. La investigación avanzó tras la muerte por sobredosis de Alejandro Salazar, anestesiólogo del Hospital Gutiérrez, quien tenía exceso de suministros.
El profesor de farmacia de la UBA Eduardo Lagomarsino explicó en entrevista que el propofol es un anestésico de alto riesgo con vida media corta, ideal para procedimientos breves como colonoscopías, pero extremadamente peligroso sin control médico. Provoca sedación profunda que puede detener la respiración, y su uso recreativo busca un despertar placentero y relajado, similar a un sueño profundo sin dolor.
Se revelaron audios del grupo donde pedían certificados médicos falsos para evitar antidopings randomizados en el hospital. Una anestesióloga se enteraba de los controles y solicitaba certificados a Aves de Lima, R3 de cardiología e hija del director del ICVA, alegando malestar para no presentarse.
Lagomarsino detalló que el fentanilo es un opioide analgésico potente, y su mezcla con propofol aumenta riesgos por interacciones. El control hospitalario es estricto con trazabilidad por lotes, pero fugas ocurren por "ingenio popular" como jeringas "caídas". Los adictos desarrollan tolerancia, necesitando más dosis, lo que explica posibles sobredosis fatales sin equipo de reanimación.
Ambos imputados se negaron a declarar, y el hospital no denunció inicialmente las sustracciones pese a renuncias y despidos relacionados. La Justicia analiza redes sociales y celulares para reconstruir conversaciones borradas.