El escándalo de anestesiólogos del Hospital Italiano que hurtaban Propofol y Fentanilo para fiestas recreativas denominadas Propofest continúa desarrollándose con revelaciones impactantes. El médico Alejandro Salazar murió por sobredosis en febrero en su departamento de Palermo, con una vía conectada en el pie y elementos descartables a su lado. Los principales imputados son el anestesiólogo Hernán Boveri, con diploma de honor de la UBA y quien promocionaba cursos internacionales sobre opioides, y la residente Delfina Lanusse, ex pareja de Boveri apodada Fini, ambos señalados por extraer y distribuir las drogas.
La investigación surgió de una denuncia por abuso sexual de Lanusse contra Boveri, que derivó en el descubrimiento del robo de fármacos. Audios de chats revelan una red con participación de al menos siete u ocho profesionales de hospitales como Rivadavia, Alemán, Gutiérrez (hospital de niños) e Italiano, sin distinción público-privado. Se menciona otra muerte previa y fiestas "a la canasta" donde cada uno aportaba sustancias, con entradas cobradas entre mil y dos mil dólares, y uso de bombas de oxígeno.
Panelistas destacan la ilusión de control de estos adictos, que usan diariamente estas drogas letales en cirugías y endoscopías, generando paranoia en el público sobre la confianza en anestesiólogos. Constanza Pertiladora, psicóloga, compara con "ángeles de la muerte" y epidemias globales de fentanilo, como en Puerta 8 donde murieron 29 personas por cocaína cortada. Reportera Emma informa en vivo desde allanamientos, donde se secuestraron carpetas para rastrear la trazabilidad, aunque el abogado niega una red organizada.
Se vincula al caso de Michael Jackson, muerto por propofol, y estadísticas mundiales muestran alta adicción entre anestesiólogos por acceso directo. Llamadas de oyentes relatan miedos personales, como cesáreas con excesos de anestesia, amplificando el temor público.