Alejandro Salazar, anestesiólogo de 31 años, murió por sobredosis de fentanilo y propofol robados del Hospital Italiano, donde realizaba fiestas Propofest con médicos y residentes que se drogaban con bombas de infusión mientras otro los reanimaba.
El Hospital Italiano emitió un comunicado indicando que las personas involucradas ya no trabajan allí, inició revisión de controles de estupefacientes y colabora con la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires para prevenir estos casos reportados en otras instituciones.
Panelistas debaten la adicción generalizada entre anestesiólogos, accesos privilegiados a drogas, fallas en controles y hipocresía social, mencionando robos desde la universidad con drogas como Tuzzi (cocaína rosa con ketamina, MDMA y LSD) y encubrimientos, como denuncia de jefa a anestesióloga adicta que tomó licencia psiquiátrica.
Expertos destacan complicidad social en consumos, comparan con sopa de rana para normalizar drogas, y preocupación por pacientes atendidos por adictos, aunque asociaciones ofrecen ayuda psiquiátrica.
Se critica la falta de trazabilidad en quirófanos públicos como Rivadavia, Gutiérrez y Fernández, donde faltan recursos básicos pero se roban drogas para fiestas orgiásticas ilegales.