Alejandro Salazar, anestesiólogo de 31 años, fue encontrado muerto en su departamento el 23 de febrero con una vía en el pie derecho conectada a una jeringa con fentanilo y propofol, drogas robadas del Hospital Italiano.
El biólogo realizaba fiestas conocidas como Propofest, donde médicos y residentes usaban bombas de infusión para administrarse estas sustancias anestésicas de forma continua, mientras un encargado los reanimaba con un ambú ante paros respiratorios causados por las drogas.
La investigación revela robo de ampollas del Hospital Italiano, Hospital Rivadavia y Gutiérrez; audios filtrados confirman distribución entre colegas como Hernán Buguet. Expertos explican que el propofol induce sueño rápido como en endoscopías y el fentanilo alivia dolor, pero juntos provocan apnea.
Panel de médicos y psiquiatra Jorge Rocco debate falta de controles en quirófanos, adicciones en el gremio y complicidad social; el Hospital Italiano anunció revisión de circuitos y desvinculación de implicados, reconociendo la problemática en otras instituciones.
Denuncias de abuso sexual en estado de inconsciencia y penas por tráfico de estupefacientes hasta 15 años agravan el escándalo, calificado como secreto a voces en la anestesiología argentina.