En su primera homilía de Domingo de Ramos, el Papa León XIV oró por cristianos de Oriente Medio y lanzó un llamado contundente al cese del fuego, afirmando que Dios rechaza las oraciones de quienes hacen la guerra porque sus manos están manchadas de sangre.
El pontífice criticó a líderes que legitiman acciones bélicas con religión, contrapunteando retórica cristiana usada por funcionarios estadounidenses para respaldar ataques militares contra Irán. Su mensaje enfatiza a Jesús como Rey de la Paz, opuesto a justificar violencia.
Analistas ven la homilía como rechazo al poder duro y ejercicio de influencia blanda del Vaticano en medio del conflicto Irán-EE.UU.-Israel.