En Beirut, cerca de hotel bombardeado por aviación israelí por sospecha de huéspedes iraníes, desplazados del sur del Líbano viven en carpas y refugios como Mohamed Dogman, chef de 63 años convencido de que su casa está destruida en un 90% por bombardeos sistemáticos.
Familias como Jiva Darwish apoyan a Hezbollah para resistir ocupación israelí que mata jóvenes, mientras refugiados sirios kurdos sufren doble guerra. Casi un cuarto de habitantes evacuados; autoridades abren 600 refugios incluyendo teatros donde actor Cásim Istanbuly usa arte para sanar traumas infantiles como resistencia cultural.
En Monte Líbano, gobernador distribuye mantas y colchones a 40.000 desplazados en escuelas ante explosiones constantes en suburbios sur, faltando capacidad para enfrentar la guerra pese a organización lista.
Los desplazados culpan a líderes mundiales por sembrar terror mientras ellos recogen dolor, agotados por segunda vez en dos años.