El panelista Martín revela que desde chico pidió ir a teatro de Hugo Midón en vez de Disney porque era un niño progre, y empezó clases con Max Ortiz Berea a los ocho años.
Explica que sus padres psicoanalistas no lo analizaban, pero la familia progre le cuesta poner límites a los hijos, con anécdotas de crianza laxa como ir descalzos y no repetir materias.
Critica escuelas modernas donde no corrigen ortografía para fomentar sinónimos y creatividad, lo que genera horrores gramaticales generalizados incluso en adultos que escriben con K por teléfono.
Admite que necesita lápiz y papel para escribir, lleva libretitas y promociona el sponsor del almuerzo.