Libaneses desplazados por segunda vez en dos años viven en carpas en Beirut huyendo de la invasión terrestre israelí en el sur del Líbano. Mohamed Dogman, chef de 63 años, comparte su carpa prestada y declara tener lo necesario con comida, pan y dátiles, pero asegura que su casa está destruida en un 90% porque destruyen barrios enteros.
Los desplazados culpan a los grandes líderes mundiales de sembrar terror mientras ellos recogen el dolor. Jiva Darwish, originaria de un pueblo fronterizo con Israel, apoya a Hezbollah y explica que se fueron para protegerse y dejar que Hezbollah acabe con la ocupación que mata a sus jóvenes todos los días.
La victoria de sus jóvenes significaría hacer retroceder a Israel y conservar armas para defenderse. Además de libaneses, una familia kurda siria vive en la calle, arrastrada entre dos guerras, destacando el estrés y las dificultades.