El bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump asfixia a Cuba, provocando apagones constantes, escasez de alimentos, transporte paralizado, hospitales sin funcionar y recogida de basura detenida. La isla necesita 110.000 barriles diarios pero recibía solo cantidades insuficientes de Venezuela, México, Rusia y China, gran parte revendido al mercado asiático sin invertir en la economía local.
La crisis agrava con infraestructura deteriorada, turismo en mínimos históricos de 1,8 millones de visitantes en 2025 frente a 4 millones pre-pandemia, industria en niveles más bajos en cuatro décadas, construcción abandonada y sector energético colapsado. Ciudades aparecen como fantasmas sin autos, solo bicicletas y bicitaxis, mientras el gobierno implementa semanas de cuatro días, teletrabajo y clases semipresenciales.
Expertos critican que el régimen usa el combustible restante para patrullas policiales que reprimen protestas, arrestan artistas e influencers, y vigilan activistas, priorizando el control sobre ambulancias o necesidades civiles. Aliados históricos como Venezuela, Rusia y China no rescatan al régimen esta vez, a diferencia de crisis pasadas.
La política antimigratoria de Trump impide una oleada migratoria que sirviera de válvula de escape al descontento, y hay optimismo en el Departamento de Estado liderado por Marco Rubio sobre el fin del castrismo, dada la claridad sobre la naturaleza no democrática del régimen.