El bloqueo petrolero de Donald Trump sume a Cuba en su peor crisis energética en décadas, con calles vacías, gasolineras cerradas y represión policial priorizada sobre ambulancias. La economía colapsa sin combustibles, salarios de 15 dólares mensuales no alcanzan para básicos y el sector energético obsoleto genera apagones masivos e inmovilidad total en la isla.
Sin salvavidas externos como la Unión Soviética o Venezuela, el gobierno impone semanas de cuatro días, teletrabajo y clases semipresenciales, mientras usa combustible para patrullas contra disidentes, artistas e influencers críticos en redes. Expertos insisten en un bloqueo total para evitar que el régimen sobreviva prolongando el sufrimiento del pueblo.
La política antimigratoria de Trump cierra la válvula de escape tradicional usada por La Habana para aliviar presiones sociales frente a administraciones demócratas más permisivas. Hoy, una oleada masiva podría provocar respuesta directa de EE.UU., que La Habana busca evitar.
Optimismo crece por posible fin del castrismo, con claridad en el Departamento de Estado bajo Marco Rubio sobre la imposibilidad de negociar con un régimen sin valores democráticos. Panel invita a audiencia a opinar si resistirá el bloqueo o caerá en estallido social.