El panel de Chiche no perdona discute acaloradamente si los presos deberían tener acceso a celulares en las cárceles argentinas, equilibrando derechos individuales con la seguridad pública. El doctor Baños enfatiza la distinción entre condenados y presos en preventiva, quienes necesitan comunicación para su defensa, mientras se reconoce que los celulares se usan para extorsiones y estafas, como sufrió recientemente el actor Gerardo Romano.
Gerardo Romano, conectado por teléfono, relata su intento de estafa desde una cárcel y prioriza el derecho a la vida y propiedad sobre la comunicación de internos, criticando además la inseguridad en Mar del Plata con una anécdota sobre ayudar a un discapacitado en silla de ruedas en el centro peligroso de la ciudad, comparándolo al Bronx.
Los panelistas proponen judicializar la autorización de celulares para evitar corrupción en el Servicio Penitenciario y mejorar condiciones infrahumanas en cárceles, donde hay hacinamiento, baños tapados y tuberculosis. Se critica que las prisiones no resocializan y fallan todas las instituciones del país, con ejemplos de presos trabajando en el pasado para rehabilitarse.
La indignación social crece por casos terribles de inseguridad y violencia, mientras un padre preso defiende los celulares para localizar familiares, humanizando el debate pero chocando con víctimas de delitos cometidos desde adentro.