Un misil iraní destruyó parte de un edificio residencial en el centro de Tel Aviv al inicio de la guerra. Todas las personas fueron evacuadas a tiempo y no hubo víctimas fatales, pero los daños son graves con ventanas explotadas y partes quemadas. Los propietarios esperan evaluaciones para decidir si reconstruyen o demuelen la estructura.
A pocas calles, algunos residentes intentan mantener la normalidad evitando noticias y el pánico colectivo, aunque las sirenas antiaéreas interrumpen la rutina. Las alertas varían de horas sin incidentes a dos por día, y la gente corre a refugios como estacionamientos subterráneos.
Tel Aviv, principal blanco iraní, ve cómo la vida cotidiana se divide entre actividades normales y las idas forzadas a refugios durante las alertas. Los habitantes tratan de volver a una rutina pese al conflicto.